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Soluciones prácticas de bricolaje, reparación y tratamiento de superficies.

Hoy os traemos un truco que no por obvio es menos útil y que nos permitirá enmascarar una habitación rápidamente antes de pintar.

Cuando nos disponemos a proteger rodapiés, marcos, enchufes, interruptores o cualquier otro elemento, como paso previo a pintar una habitación, a menudo nos eternizamos en la tarea porque intentamos hacer varias cosas a la vez. El ejemplo claro son los rodapiés; generalmente intentamos presentar el borde del papel de pintor cerca de la pared y después pasar la cinta de carrocero procurando que cubra milimétricamente el borde del rodapié y a la vez que “pise” el papel. Sin embargo es fácil que este se mueva mientras lo hacemos; algunas veces queda demasiado cerca de la pared, por lo que la cinta se pega a él, pero no al borde del rodapié; y otras, en cambio, se aleja y terminamos con un hueco entre el papel y la cinta.

mal encintado

La solución consiste en separar las dos tareas. Por un lado fijaremos la cinta de carrocero en el borde del rodapié, sin preocuparnos de nada más que de que quede bien ajustada al borde; después fijaremos sobre dicha cinta el papel de pintor, sin tener que preocuparnos esta vez por la precisión, porque tendremos tanto margen de error como anchura tenga la primera cinta que hemos pegado.

buen encintado 1 buen encintado

La única pega de este truco es que gastaremos el doble de cinta de carrocero, pero a cambio ganaremos mucho en velocidad y precisión.

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El lijado es un paso muy importante en cualquier trabajo de restauración de una pared. Cuando se trata de lijar una pequeña grieta o el agujero de un taco, el lijado no es un problema; pero cuando a lo que nos enfrentamos es al lijado de una pared entera a la que le hemos cubierto el gotelé o los azulejos, la cosa cambia. Un lijado amplio hecho sin cuidado puede levantar una cantidad de polvo tal (y tan fino, además), que un paso sencillo puede convertirse en un auténtico problema.

lijado con polvo

Pero no hay por qué asustarse. Tomando algunas precauciones muy sencillas evitaremos que se nos lleve la casa de polvo:

Como ya hemos dicho, este truco es válido para el lijado de superficies amplias, en el que se desprende mucho polvo. Para trabajos menores es demasiado engorroso. En su lugar, podemos lijar con la lija en una mano y la boquilla del aspirador en la otra, lista para recoger la mayor parte del polvo desprendido.

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Cuando nos proponemos pintar una pared, una de las primeras cosas que debemos hacer es evaluar el estado de la pintura anterior. Si está en mal estado, corremos el riesgo de que, al aplicar la nueva pintura encima, aquella acabe por desprenderse y se lleve por delante todo nuestro trabajo.  A continuación te desvelamos un sencillo truco con el que podrás valorar si se puede o no repintar sobre la pintura anterior, siempre, eso sí, que se trate de pinturas plásticas lisas.

Recuerda que este truco sólo funciona con pinturas plásticas lisas. Para probar la adherencia de picados y gotelés deberás rascar con una espátula. En cuanto a las pinturas al temple, basta con frotar un paño húmedo sobre la superficie de la pared. En ambos casos, si la pintura sale con demasiada facilidad, no cabe duda de que conviene retirarla antes de pintar de nuevo.

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Prácticamente todos los trabajos de los que solemos hablar en este blog requieren, antes o después, un buen lijado de la zona sobre la que trabajamos. Generalmente es un paso bastante fácil; se toma una lija fina y ¡hala! a repasar bien la zona. Sin embargo, cuando dicha zona es muy amplia, por ejemplo en trabajos que afectan a una pared entera (como cuando cubrimos gotelé o azulejos), la cosa tiene su truco.

Lijar toda una pared puede resultar agotador, y más si no contamos con una lijadora eléctrica, pero ese es un problema menor que se cura descansando de vez en cuando. En cambio hay otro detalle que, si no se tiene en cuenta, puede resultar en un lijado defectuoso o irregular.

Por el motivo que sea, casi todo el mundo suele empezar a lijar las paredes de arriba abajo. Es algo casi intuitivo: empiezas subido en la escalera, sigues lijando de pie y terminas en la postura más incómoda, lijando las zonas cercanas al suelo. Puede parecernos lógico, pero en realidad se trata de un error.

Al lijar primero las partes altas, el polvo desprendido irá cayendo por la pared y, aunque una parte de él terminará en el suelo, otra gran parte quedará adherida más abajo, a la propia pared. Esto hará que, a medida que vayamos descendiendo, cada vez sea más difícil comprobar si estamos haciendo bien nuestro trabajo. Por si fuera poco, la acumulación de polvo no sólo hará que se nos pasen muchos fallos de aplicación, también hará que la lija se emboce constantemente. Y si nuestra herramienta es eléctrica, más y más polvo se introducirá en el mecanismo, lo cual acortará significativamente su vida útil.

Evidentemente, evitar esto es tan sencillo como empezar a lijar desde abajo. De esta forma siempre podréis ver fácilmente qué tal os está quedando y, además, cuidaréis vuestra herramienta.

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