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Soluciones prácticas de bricolaje, reparación y tratamiento de superficies.

El lijado es un paso muy importante en cualquier trabajo de restauración de una pared. Cuando se trata de lijar una pequeña grieta o el agujero de un taco, el lijado no es un problema; pero cuando a lo que nos enfrentamos es al lijado de una pared entera a la que le hemos cubierto el gotelé o los azulejos, la cosa cambia. Un lijado amplio hecho sin cuidado puede levantar una cantidad de polvo tal (y tan fino, además), que un paso sencillo puede convertirse en un auténtico problema.

lijado con polvo

Pero no hay por qué asustarse. Tomando algunas precauciones muy sencillas evitaremos que se nos lleve la casa de polvo:

Como ya hemos dicho, este truco es válido para el lijado de superficies amplias, en el que se desprende mucho polvo. Para trabajos menores es demasiado engorroso. En su lugar, podemos lijar con la lija en una mano y la boquilla del aspirador en la otra, lista para recoger la mayor parte del polvo desprendido.

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El lijado es un paso fundamental en casi cualquier tarea de bricolaje. Bien sea para preparar un soporte, bien sea para conseguir un buen acabado antes de pintar, la lija está presente en casi cada consejo que hemos venido dando en Bricopared. Sin embargo, hay todo un mundo de lijas entre las que elegir y, llegado el momento, pueden surgirnos dudas. Por eso creemos que ha llegado el momento de contaros algunas cosas sobre ese instrumento tan imprescindible; hablemos, pues, de lijas.

Por lo demás, os recordamos que es recomendable utilizar ciertos elementos de seguridad como guantes, gafas o mascarilla cuando el trabajo de lijado es de cierta envergadura y genera mucho polvo, o cuando el material desprendido, bien sea del soporte, bien sea de la propia lija, pueda ser peligroso. Es el caso, por ejemplo, de las virutas metálicas o los productos químicos de ciertas pinturas.

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Prácticamente todos los trabajos de los que solemos hablar en este blog requieren, antes o después, un buen lijado de la zona sobre la que trabajamos. Generalmente es un paso bastante fácil; se toma una lija fina y ¡hala! a repasar bien la zona. Sin embargo, cuando dicha zona es muy amplia, por ejemplo en trabajos que afectan a una pared entera (como cuando cubrimos gotelé o azulejos), la cosa tiene su truco.

Lijar toda una pared puede resultar agotador, y más si no contamos con una lijadora eléctrica, pero ese es un problema menor que se cura descansando de vez en cuando. En cambio hay otro detalle que, si no se tiene en cuenta, puede resultar en un lijado defectuoso o irregular.

Por el motivo que sea, casi todo el mundo suele empezar a lijar las paredes de arriba abajo. Es algo casi intuitivo: empiezas subido en la escalera, sigues lijando de pie y terminas en la postura más incómoda, lijando las zonas cercanas al suelo. Puede parecernos lógico, pero en realidad se trata de un error.

Al lijar primero las partes altas, el polvo desprendido irá cayendo por la pared y, aunque una parte de él terminará en el suelo, otra gran parte quedará adherida más abajo, a la propia pared. Esto hará que, a medida que vayamos descendiendo, cada vez sea más difícil comprobar si estamos haciendo bien nuestro trabajo. Por si fuera poco, la acumulación de polvo no sólo hará que se nos pasen muchos fallos de aplicación, también hará que la lija se emboce constantemente. Y si nuestra herramienta es eléctrica, más y más polvo se introducirá en el mecanismo, lo cual acortará significativamente su vida útil.

Evidentemente, evitar esto es tan sencillo como empezar a lijar desde abajo. De esta forma siempre podréis ver fácilmente qué tal os está quedando y, además, cuidaréis vuestra herramienta.

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Cuando hablamos de calidades de barnizado, el barnizado “tipo piano” está sin duda en lo alto de la escala. Se trata de un acabado extremadamente brillante y muy resistente a los golpes y las rayaduras. Generalmente, para lograr este tipo de barnizado se utiliza maquinaria específica, pero también es posible lograrlo a mano (aunque una lijadora orbital o una pulidora eléctrica serán bienvenidas). Eso sí, se trata de un proceso largo, muy largo; tanto que se puede afirmar que la paciencia es uno de los elementos básicos de este trabajo. Eso sí, te garantizamos que el resultado es espectacular. Comencemos:

Cuando la última capa haya secado pasa un trapo por toda la superficie. Verás el mueble brilla tanto que casi te puedes ver en él. Ha sido un proceso tedioso y largo, sin duda, pero sin duda ha merecido la pena.

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